A los enfermos. A los que sobrevivieron. A los que se marcharon. A las familias. A los oncólogos y científicos que luchan.
“¿Cómo estás de lo tuyo? Lo mío es cáncer”. Es el lema de la campaña del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC). El objetivo es normalizar el término y evitar la estigmatización. Detrás de cada diagnóstico hay una historia. Por encima de todo predomina el miedo. La palabra duele y la enfermedad daña. El término asusta pero no puede ser un motivo de vergüenza. La crueldad es repugnante. La enfermedad pasa, a veces, de forma lenta y, otras, la rapidez abruma y despista. Detrás hay una fotografía, una familia, una persona que se enfrenta a lo injusto. Nadie lo merece. Nadie debería conocer el sabor del cáncer. Es un sabor agrío y amargo. Millones de personas en el mundo han probado directa e indirectamente esa alteración de células que nos hace temblar. No hay vacuna para el dolor. Todos somos candidatos para estar en la lista. El cáncer mata pero también hay quienes conviven con esa lotería a la que nadie juega. Muchos también sobreviven y consiguen pasar página.
El 4 de febrero se celebra el Día Mundial contra el Cáncer. Es una enfermedad que tiene un nombre propio. Sus apellidos son variados: pulmón, colon, próstata o mama. Muchos se quedan y algunos se van. La prevención es fundamental y el diagnóstico precoz es la mejor baza. Nunca sabemos a quién le tocará la carta. Solo quien lo vive en carne propia sabe qué es el maldito cáncer. A los demás nos queda escribir palabras y palabras sin saber para qué sirven. Intento comprender la sensación que uno siente cuando sale de la consulta de un médico con todos los números de la lotería acertados. Lo intento pero no puedo. Admiro a quien lucha. Todos pensamos en ese alguien al que el destino (o váyase usted a saber el qué) le obligó a coger un tren que nunca quiso. Es un tren al que los familiares y amigos nos subimos para acompañar al enfermo. Qué mal se pasa subido en ese tren. No es una larga enfermedad porque a veces es corta. Sí, es cáncer, pero tenemos que seguir. Debemos ser casi felices.

