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Una de las peores enfermedades, al margen de la crueldad de las ya conocidas, es el mal de oído. Me refiero a una anomalía que afecta a más personas de las que creemos. Es una de esas enfermedades que todavía no están reconocidas. No nos escuchamos los unos a los otros. Poca gente quiere escuchar al de al lado. ¿Para qué más problemas si tengo bastante con los míos? El que escucha es y será más sabio. Hay gente que habla sin saber qué decir y sin aportar nada. También hay quien oye sin saber escuchar. A veces ponemos las orejas pero por dentro no entra nada. No prestamos atención y quizás nos estén pidiendo ayuda. Atento a quien te habla.
Saber escuchar es gratis. Hay quienes padecen esa enfermedad de la que hablo. ¿Se incluirá en los manuales de los futuros estudiantes de medicina o enfermería? Ojalá, como para todas las demás, alguien encuentre cura. Pararse y hablar delante de un público es un acto de coraje. Todavía lo es más sentarse al lado de alguien y escuchar. Estamos ante un compromiso. Escuchar es lo más maravilloso. También lo es hablar y conversar. La combinación de ambas tareas es lo mejor que puede pasar. Escucha porque también tú nesesitas que te escuchen.

Los has bordado Alberto. Se puede decir más alto pero no más claro. Aquí sabes q tienes dos oídos para escucharte cualquier momento.
Un beso
Hace un tiempo una buena amiga me dijo que le habían presentado a una conocida periodista, al preguntarle sobre ella con cierta curiosidad (aunque intuía lo que me iba a comentar) me dijo de ella que le había gustado mucho su saber estar y que hablaba muy bien pero que aún más le había impresionado que escuchaba muy atenta a todo lo que le decía. Mi amiga supo apreciar también al hablar con ella lo importante que es saber escuchar. Hablar bien y saber escuchar, ambas cosas en su justa medida, la mejor combinación, estoy totalmente de acuerdo contigo.
Un abrazo