Etiquetas

, , ,


Una de las peores enfermedades, al margen de la crueldad de las ya conocidas, es el mal de oído. Me refiero a una anomalía que afecta a más personas de las que creemos. Es una de esas enfermedades que todavía no están reconocidas. No nos escuchamos los unos a los otros. Poca gente quiere escuchar al de al lado. ¿Para qué más problemas si tengo bastante con los míos? El que escucha es y será más sabio. Hay gente que habla sin saber qué decir y sin aportar nada. También hay quien oye sin saber escuchar. A veces ponemos las orejas pero por dentro no entra nada. No prestamos atención y quizás nos estén pidiendo ayuda. Atento a quien te habla.

Saber escuchar es gratis. Hay quienes padecen esa enfermedad de la que hablo. ¿Se incluirá en los manuales de los futuros estudiantes de medicina o enfermería? Ojalá, como para todas las demás, alguien encuentre cura. Pararse y hablar delante de un público es un acto de coraje. Todavía lo es más sentarse al lado de alguien y escuchar. Estamos ante un compromiso. Escuchar es lo más maravilloso. También lo es hablar y conversar. La combinación de ambas tareas es lo mejor que puede pasar. Escucha porque también tú nesesitas que te escuchen.