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Tenía 87 años y una vez dijo que “la muerte siempre gana“. Hoy le ha ganado en Lanzarote. Portugués e hijo de campesino analfabeto afirmó con humildad que el hombre más sabio que había conocido en su vida no sabía leer ni escribir. Él era un hombre comprometido con la libertad y la lucha contra las injusticias que rodean a nuestro mundo de hoy (no pocas, por cierto). Un nombre propio: José Saramago, el escritor que abraza hombres, dice Ramón Lobo.

Decenas de adjetivos llenan las ediciones digitales de la prensa. Muchos elogios y recuerdos. Medios de comunicación que no se olvidan de él ni de su significado. Algunos siguen fieles a sus ideales y lo califican como “icono de la Izquierda española” y participante de “los actos de la Izquierda más sectaria“. Mucho que escribir pero también mucho pudor al hablar de un símbolo de la literatura. Una frase: “Dios es el silencio del Universo, y el ser humano el grito que da sentido a ese silencio“. Así pensaba Saramago, el mismo que un día dijo que “la muerte mientras no tiene nombre no preocupa, pero cuando lo tiene golpea; golpea a quienes tiene al lado“. Golpe sí, y muy fuerte, es el que recibimos cuando vemos la muerte al lado, cuando saboreamos el adiós de alguien a quien queremos, a quien necesitamos. Dios se queda entonces en silencio y quienes gritamos somos los que nos quedamos. El grito del dolor y del llanto. El grito infinito que pretende llegar al oído de quien se ha marchado aunque sepamos, y creamos algunos, que no nos escucha.

Saramago es “el ateo que embellecerá el cielo“, dice un titular que leo en Internet. Se empeñan en querer hacernos ver que ese cielo existe y que los equivocados son los ateos, los que no creen y que, a pesar de ello, Dios es bueno y a todos nos llevará con él. Lo que Saramago ha embellecido es la Tierra, de momento no sabemos si el escritor habrá visto hoy si se equivocaba o no al no creer en Dios. Hoy oigo hablar de la muerte en las tertulias de radio, en la prensa digital y en la TV. Recuerdan a Saramago.

Y yo recuerdo a otra figura: Fernando Fernán Gómez:

Sensación de no encontrarse con los amigos muertos, dice el actor y escritor en “La silla de Fernando“, una pieza audiovisual dirigida por Trueba y Alegre. Yo también la tengo. Pienso que nunca más veré a quienes quiero y me han dejado, por eso sufro. A mí también me gustaría creer en el reencuentro, en lo maravilloso que debe de ser el Cielo. Yo también quiero ser imbécil y no sufrir. Yo necesito a la gente que quiero en la Tierra.