Me importan los demás


Corren tiempos de mirarse al ombligo. Hay días que parece que las personas solo se preocupan de sí mismas. Y hay quienes se creen además el centro del Universo (algunos, ya no tienen remedio). Leer El fin de una época de Iñaki GABILONDO reconcilia y tranquiliza durante unos intantes al ver que hay gente que sí piensa en el resto de la gente. Es más, consigue que el lector (amante del periodismo) sonría al comprobar que no está solo a la hora de señalar la razón de ser de la profesión.

“Se elige esta profesión porque te importa el otro, tu semejante, y porque quieres hacer algo que sirva a la sociedad. Si no son ésas las razones, entonces es un oficio muy mal elegido. Es como la gente que decide hacer cine con el objetivo de ganar dinero”

Es urgente y necesario que miremos más allá de nuestro terreno. No podemos quedarnos anclados en nuestro círculo. No debemos hacerlo como ciudadanos y personas y, por supuesto, no lo debemos hacer si somos periodistas. Nuestra materia prima, como dice Gabilondo, son los otros. Somos lo que él llama “la segunda voz“, es decir, nunca somos los protagonistas. La primera voz es la vida. Cada uno vive su rutina y el periodista está para hacer comprender qué es lo que sucede en el mundo, qué pasa a nuestro alrededor. Siempre he pensado en los beneficios de estar rodeado de gentes y culturas que te ayuden a saber qué se les pasa por la cabeza, qué sienten, cómo viven, qué miedos tienen. Y es que en el periodismo:

“No nos sirve de nada gente sin vida, individuos no vividos, no entregados, jubilados desde pequeños. En esta profesión o tienes fuego o no vales”

Un libro en el que se repite esa idea de lo importante que es tener empatía. Una cualidad que en el profesional del periodismo es (o debería ser) obligatoria. Quizá no me he confudido de profesión porque a mí, desde luego, me importan los demás. Me he sentido identificado desde el primer momento de la lectura porque de mí también se reían cuando de pequeño decía que quería ser periodista. Gabilondo es claro porque advierte:

“Si permitimos que se fabrique una sociedad encerrada en el individualismo, camuflada en su propio cascarón, entonces nuestro oficio está condenado a desaparecer, al igual que, si se extinguieran los árboles de la tierra, desaparecerían los carpinteros”.

¿Estaremos todavía a tiempo de salvar el periodismo? Espero que sí.

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