Veo, veo

Era pequeño y nunca estaba quieto. Buscaba un porqué a todo. Quería y me gustaba saber todo. Siempre pedía una explicación. Se acercaba la década de los 90 y la televisión me encantaba. Me sentaba enfrente del sofá y recuerdo imágenes y sonidos. A los 4 años me preguntaba cómo era posible ver a tanto personaje dentro de la pequeña pantalla. Daba la sensación que estaban ahí metidos. Me encantaba hablar y mi juguete preferido tenía un palo y una bola hecha con papel de aluminio. Así monté mi primer micrófono. También me encantaba ver. Veía un sueño por cumplir. Veía todo pero la edad no me permitía entender. Veía discusiones incomprensibles. Veía a personas a las que ahora no veo. Veía a compañeros de colegio con los que compartía la inocencia. Veía más sonrisas que caras serias. Había hasta gente que me preguntaba qué veía.

Adiós a la inocencia. Hoy veo a jóvenes desesperados. Veo a casi treinteañeros que se han formado y esforzado. Huyen del país para encontrar un futuro mejor. Aquí les han engañado. Se sienten estafados. Veo a millones de españoles en paro. Veo injusticias y premios para quienes no lo merecen. Veo situaciones imposibles de entender. No las entiendo como no entendía muchas otras cuando era pequeño. Veo a políticos que mienten. Veo a abogados metidos en casos de corrupción. Veo a periodistas que comen cada día una buena ración de cinismo. Veo a profesores sin vocación por la docencia.  Veo a mentirosos. Veo sueños que se desvanecen y sacrificios sin recompensa. Veo a hipócritas y a gente mala.

¿Y qué más veo? Veo a personas buenas (pocas pero existen), políticos que aman su país y luchan por él, periodistas de formación y de vocación que defienden la dignidad. Veo a gente que dice la verdad. Veo a hombres y mujeres que van de frente. Veo a personas inolvidables. Recuerdo con cariño a algunos compañeros de colegio, Universidad o de trabajo. Veo a gente seria y responsable. Veo a personas que aman su profesión y que siguen envenenados por la vocación. Todos son menos que más pero por ellos hay que seguir luchando. A ellos hay que acercarse. Lo mejor es alejarse del mentiroso, del cínico e hipócrita. Lejos hay que estar del que daña y ataca gratuitamente. Me quedo con los buenos y con los de verdad. Seguiré mirando y escuchando porque es el mejor aprendizaje.

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