Estoy preocupado. Creo que no valgo para jurar. Hace unos días prometí no hablar por un tiempo de la radio. Le he vuelto a decir adiós y me duele. Ya me ha pasado varias veces así que nada me sorprende. No escarmiento. Es la resistencia del enamorado. Es la fuerza de la vocación. No consigo olvidar. Ayer me acosté con auriculares. Hoy me he levantado dándole a un botón. He comido y después he escuchado la radio. Luego la oiré y otra vez me iré a la cama con ella. No puedo evitarlo. He sido y soy un empedernido “escuchante” (Pepa Fernández). Siempre hay un motivo para que vuelva a mencionar la radio. Esta vez tienen la culpa los 75 años de RNE.
Era pequeño y escuchaba la radio. Recuerdo voces y sonidos. No olvido algunas caretas ni sintonías. La radio me impedía ser “camastrón” (Carlos Herrera) y siempre era uno de los más madrugadores de la casa. Siempre había alguien que me daba su particular “buenos días, España” (Luis del Olmo). Uno escucha variedad y luego elige o combina. No hay problema. Todo es radio y hoy ha cumplido años “aunque nace cada día” (Juan Ramón Lucas). A los 4 años escuchaba una particular voz en Zaragoza. Era la de un hombre con el pelo negro y bigote. Era serio y la voz era de pura raza. Era una voz de radio. Sí, conocía al hombre que estaba hablando. Lo podía describir a la perfección porque vivía en mi propia casa. Estoy completamente envenenado. No encuentro antídoto para curarme. Lo peor es que creo que no quiero curarme. Hay muchos motivos por los que amo la radio.
La radio acompaña y también nos informa. No olvido el “boing” de Hora 25 ni el “son las ocho, las siete en Canarias” de Carlos Llamas. Con la radio puedes llorar. Puedes distraerte y entretenerte. Puedes reirte gracias a algunos “churras” (Sergio Fernández “El Monaguillo”) que se dirigen a ti como si fueran a darte un “piquito” (Arturo González Campos) mientras les oyes. Cuando era pequeño solo era un oyente. Ahora puedo decir que durante algunos años he tenido el lujo de conocer las tripas de las radios. Sigo teniendo el mismo veneno. No tengo miedo a reconocerlo. No me da vergüenza decir que estoy enamorado a pesar de haber visto cosas que no me gustan. Cada vez entiendo más la realidad pero cada vez me entiendo menos a mí mismo. Sigo empeñado con lo de siempre. Lo cierto es que las voces nos acompañan. Voces que suenan gracias a técnicos y productores. “Os voy a decir una cosa” (Carlos Alsina), a mí la radio “me gusta más que comer con los dedos” (Toni Garrido).

No te rindas
Grandioso, como siempre.