Más “Sampedros” y menos gilipollas

Es un genio. Es sabio y es un ser entrañable. Es inteligente y lúcido. Es el abuelo que todos quisiéramos tener. Es el abuelo que algunos hemos adoptado. José Luis Sampedro debería ser inmortal. Dice que quiere morirse pero que no lo hace porque “tenemos derecho a la vida y deber de vivirla“. Asegura que ya ha visto todo el espectáculo y que le importa tres pepinos marcharse. No me extraña porque lo que nos rodea es un auténtico espectá-CULO. Ha luchado por cambiar este mundo pero seguramente se marche viendo (“aunque estoy casi tuerto“) más de lo mismo. Nos persiguen los mismos problemas, los mismos estafadores y mentirosos. Siguen idénticos políticos y periodistas cínicos. El paro no frena y la economía sigue en la cuerda floja. Los ricos son los de siempre y los pobres son cada vez más pobres. Continúa la hipocresía. Sí, señor Sampedro, es normal que ya nada le importe. Mantiene la sonrisa (etrusca o no) a sus 95 años. Es delgado, tiene el pelo canoso y mantiene la misma cara de bonachón. Este señor es necesario. Reconforta el escucharle. Anima a seguir en medio del espectá-CULO porque la vida es para vivirla. Es incansable. Lo he visto junto a Jordi Évole en el programa “Salvados” y me gustaría seguir haciéndolo. Él ha dicho que habrá que darse prisa para volverle a ver. Sabe su edad. Es consciente de lo que se le acerca pero sigue sonriendo. Es un cerebro con mayúsculas. Tiene que ser un lujo tenerlo enfrente y darle un abrazo. Yo me conformo con darle un “abrazo virtual” ya que están tanto de moda. Esos abrazos que nos dan cada día aunque no vemos a la gente (un abrazo, ya nos veremos. Y nunca nos vemos).

Twitter se ha llenado de sus palabras. El mundo no va tan mal cuando hay gente que se interesa por este gran hombre. La gente se ha quedado con sus frases. Cuenta Sampedro que es “un viejo solo que ya no sirve para nada” y que cada día tiene que ponerse los ojos, los dientes y las orejas. Ojalá se siga poniendo gafas y se coloque el sonotone durante mucho tiempo. Querrá decir que sigue vivo. Quiero seguir aprendiendo con él. Necesito seguir escuchándole porque es un viejo que anima a los jóvenes. Si él no se ha rendido ¡¿Cómo vamos a rendirnos nosotros?! El mundo necesita a este señor. Yo necesito a este hombre. Es muy grande. No entiendo cómo hay personas que se creen superiores cuando no valen nada. Hay individuos subidos a los altares. Algunos suben como la espuma antes de haber recorrido un camino. Hay personas ”sabelotodo” y, en realidad, son “sabelonada“. Él es el que vale y piensa que no es absolutamente nada. Resulta que lo es todo. Es José Luis Sampedro, el sabio humilde. Quiero a gente como él a mi lado. ¡Más Sampedros y menos gilipollas, por favor!

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