El Periodismo era otra cosa

“España tiene una madre en tratamiento oncológico y con tres hijas que se levantan todos los días a las cinco de la madrugada para traer 600 euros a casa; pero también a una clase política que come de gorra, hace de vientre en orinal de oro y nos arroja los detritos por la ventana. A la primera no la conoce nadie, ya ven, y a los segundos los conocemos todos”. Así arrancaba “Imbéciles”, uno de los últimos artículos de Pedro Simón en elmundo.es. Unos lo comentaron como un gran texto y otros ya hablaron en su día de todo un ejercicio de demagogia. Lo que dice Simón es cierto. No es nada nuevo pero nunca viene mal repetirlo cien veces. A ver si se remueven algunas conciencias (aunque se mueven si existen y uno ya duda de su existencia). ¿Quiénes son los responsables de que el político que come de gorra sea protagonista y nadie conozca a la madre en tratamiento oncológico? No hay duda en la respuesta: son los medios de comunicación. Las portadas de los periódicos son un constante espejo de la clase política. Las tertulias de radio y televisión repiten hasta la saciedad el mismo tema político aunque no haya novedades. Los informativos abren con las declaraciones del correspondiente miembro del Gobierno y con la respuesta del líder de la oposición. Salta un escándalo que involucra a los partidos y los medios se frotan las manos: ya tienen “comida” para muchos días. Vemos las mismas imágenes repetidas y escuchamos las mismas palabras. El caso es exprimir hasta la última gota y hacer negocio. Un negocio en el que varios andan compinchados, incluidos algunos a los que se les llena la boca en defensa del Periodismo.

Podemos luchar y soñar. Podemos desear algo que ya alcanza el nivel máximo de utopía. Nadie nos lo va a impedir pero debemos reconocer la realidad y a la vez no rendirnos. Resulta prácticamente imposible que un diario abra con el descubrimiento de una vacuna. No vemos en primer plano al investigador que cada día lucha contra el cáncer o por conseguir la vacuna definitiva contra el SIDA. Los grandes medios no cuentan estas historias porque “no interesan”. Estamos rodeados de miles de otras historias anónimas que debieran ser objeto de ser contadas. Habría que darles voz pero casi nadie pone el altavoz. Asumámoslo. Los medios, tal y como están concebidos, necesitan de los políticos. Y los políticos necesitan de los periodistas. Se retroalimentan. Van de la mano. Estamos inundados del llamado periodismo declarativo: fulano dice y menganito contesta. Y luego se llenan horas y horas de esas declaraciones de políticos con los tertulianos palmeros de cada bando. Horas y horas con lo mismo. Y pasan los meses y los años. Mientras tanto se nos morirá la enferma oncológica. O se recuperará. El caso es que no lo sabremos.

El texto de Simón concluía diciendo que “no es que a los políticos les parezcamos imbéciles, no. Es que, a estas alturas, ya deben haber constatado que lo somos”. Tiene razón. Somos imbéciles para los políticos pero también lo somos para los jefes y responsables de los grandes medios de comunicación. Casi no hay remedio. No nos chupamos los dedos. Hace falta una revolución y no todos los periodistas están dispuestos a iniciarla. Cada uno tiene sus razones y algunas son más que comprensibles. La lucha es complicada pero debe existir y continuar. Sólo existe un Periodismo; lo otro a lo que estamos acostumbrados debe tener otro nombre. El Periodismo era otra cosa. Es otra cosa. Y no puede ser que miles de jóvenes enamorados de la profesión estemos equivocados. Luchamos aunque ya casi sea sin rumbo y manteniendo como se puede la esperanza. Y además resulta que el frío abre un informativo en invierno, el calor lo hace en verano o el corte de pelo de una presentadora se convierte en noticia. Qué paciencia.
Sé que tengo una idea romántica del Periodismo pero no concibo este oficio de otra forma. No entiendo que alguien se llame periodista sin humildad, ni conciencia ni dignidad. Algunos deberían sonrojarse pero nunca se ponen colorados porque no tienen vergüenza.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Miguel Ángel, el chico con la cara de bueno

He abierto los ojos antes de lo habitual. Quizás haya sido porque en mis sueños he vuelto a ver el horror. He recordado aquel día en el que me eché a la cama con miedo y mi cabeza intentaba comprender qué estaba pasando. Tenía 11 años y todavía era complicado darse cuenta. Lo único que sabía es que un joven con cara de bueno había sido secuestrado y asesinado. Me acosté temblando después de dos días viendo en la televisión las imágenes de la barbarie. ETA había matado a un concejal de Ermua después de plantear un chantaje al Estado. Era un ultimátum que poco después empecé a entender. España salió a la calle en repulsa por la muerte de aquel chaval llamado Miguel Ángel Blanco, antes lo hizo para exigir su libertad. No olvido la cara de bonachón de aquel padre ni la de la madre desgarrada por el dolor. Recuerdo a esa hermana rubia con grandes gafas de pasta. Y me acuerdo de ella ante los micrófonos diciendo aquel sobrecogedor “te esperamos Mikel“.


Su hermana lo recordaba como un hombre nervioso, activo, tenaz y responsable. Leo que siempre le salía la sonrisa desde el corazón. Tenía sentido del humor y era un amante de la música. Era hijo de padres humildes que un día dejaron Galicia para trabajar. Ellos le decían que estudiara y que aquello de tocar en una orquesta solo podía ser un hobby. Se formó pero no olvidó su pasión y por fin un día pudo comprarse una batería. Adoraba a los Héroes del Silencio. El sonido de este grupo también sonaba en 1997 en mi casa. Hoy oigo a mis paisanos porque defiendo algunas de sus letras. Como premonición de la soledad que Miguel Ángel tuvo que vivir en sus últimas horas leo aquella estrofa de “Maldito duende” que dice:

“amanece tan pronto y yo estoy tan solo, y no me arrepiento de lo de ayer. Si las estrellas te iluminan y te sirve de guía, te sientes tan fuerte que piensas que nadie te puede tocar”


Hoy, varios años después, he vuelto a ver las manos blancas. He vuelto a recordar a aquel chico que parecía curioso. Quizás hoy no he dormido porque sigo sin poder entender cómo pudieron ser aquellas horas solo. No puedo ponerme en el papel. Creo que he vuelto a sentir el miedo que aquellos días de julio de 1997 me impedía descansar. Su familia no lo podrá olvidar y los demás tampoco. Todos recordamos a Miguel Ángel, el chico con la cara de bueno.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

A Lorenzo (y a Berta)

Lorenzo tiene unos veinte años. Estudia Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid. Quiere ser periodista porque el amor por la profesión lo ha mamado desde pequeño. Sus padres son del gremio y trabajaron en la radio. Está movido por la vocación y asegura que quiere conocer la realidad de los medios. Sigue estudiando y en la facultad ha seguido durante los últimos meses. Lo ha hecho aunque vivía una amarga sensación. Durante el último año y medio ha convivido con la enfermedad de su madre. A Lorenzo quizás pocos le han entendido durante este tiempo. Sus amigos y sus compañeros le habrán dado ánimos, seguro. Incluso le habrán dicho que le ven bien a pesar de la situación. Lorenzo no ha estado bien. Llevaba por dentro un dolor pesado, indescriptible. Seguramente nunca asumió que su madre estuviera enferma. Ahora, de repente, se ve obligado a asumir que no está. Su madre, Concha García Campoy, ha muerto después de una digna lucha contra el cáncer. No conozco de nada a Lorenzo pero hoy sé lo que siente.

Pido perdón a Lorenzo por meterme en su vida, por identificarme con él, por citarme a mí mismo. Yo estudié en su misma facultad. Mis padres trabajaron en la radio y siempre soñé con ser periodista. También perdí a mi madre con 24 años mientras estudiaba Periodismo. Sí, un cáncer. Puedo entenderle. He escuchado que Concha, ya enferma, se preocupaba más de sus hijos que de ella misma. Ella los quería ver felices. Mi madre hizo lo mismo conmigo. Desde la cama del hospital me escuchaba en la radio (Punto Radio) y creo que era un poco más feliz en ese momento. Simplemente lo era porque sabía que yo era feliz en la radio. Así era al principio porque ella prefirió que yo no descubriera del todo la gravedad. Luego, poco tiempo más adelante supe del carácter irreversible de la enfermedad y viví con ella los últimos meses. Es el amor de una madre hacia un hijo. Ese amor que Lorenzo y yo nunca entenderemos porque nunca seremos madres. Vamos, que yo sepa.

Quien quizás sí sienta algún día qué es la maternidad es Berta, la hermana de Lorenzo. Tiene 14 años. Los dos han recibido hoy un duro golpe. Nunca olvidarán a su madre. Nadie podrá ocupar su puesto. La recordarán todos los días. Y no sé si algún día se atreverán a borrar de la agenda del móvil el teléfono de “mamá”. Y soñarán con ella y la verán a veces. Reirán recordándola y llorarán. La mirarán en fotografías y la sentirán. La vida les ha golpeado y se han dado cuenta de que esto sí es una putada de verdad. Una putada para la que se ha marchado y para los que se quedan aquí sin ella. Que una madre desaparezca y se separe de sus hijos tendría que estar prohibido, joder. No he decidido cambiarme el nombre pero hoy soy Lorenzo. Cuántas coincidencias, cuántas sensaciones. Leo que él quiere pronto “coger el micrófono”. Quizás ahora quiera refugiarse en la radio más que nunca como método de ayuda para paliar el dolor. Para mí fue el refugio porque volví a otras emisoras (SER, Onda Cero). Lo que ha venido después es otro cantar.

Lorenzo, de Periodismo hablamos otro día. Ando algo decepcionado con él y quizás yo no sea muy objetivo en mis opiniones sobre los grandes medios. Espero que tú te des cuenta por ti mismo cuando te metas en la realidad como tú dices. La verdad, no hay nada como comprobar las cosas por uno mismo. Aunque seguro que ya sospechas algo. Lorenzo, suerte y fuerza. Lo mismo para ti, Berta. Intentad disfrutar de la vida todo lo que podáis. Dicen que la vida son dos días pero son largos. Sé que nunca olvidaréis a vuestra madre, ni su imagen ni su voz. Esa voz que escuchabais siendo enanos (y no tanto) por la radio. La voz de quien luego entraba en vuestra casa y os cuidaba. La voz de una madre.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

El cerdo es otro

En los vagones de metro o tren hay historias y personas que las protagonizan. Hay vidas contadas en las conversaciones que se cruzan o en las caras y las miradas de quienes viajan. Existen muchos aspectos por contar y observar pero todos son imposibles de abarcar. Acabo de llegar a casa después de un viaje en tren. He intentado llegar habiendo digerido una vida que he descubierto en un vagón pero no he podido. Necesito contarlo para que no se me haga una bola en el estómago. Es una historia que se repite cada día y que no vemos o no queremos ver. No importa ser pesado cuando uno denuncia una injusticia o cuenta la vida real con su cara y su cruz.

Hoy tres amigos han subido al tren. Estaban cansados. Uno de ellos más que los otros dos. Sonreían al principio, charlaban sin llamar la atención. Son de esas conversaciones y voces que escuchas aunque no quieras. Después de unos minutos, los tres colegas han cambiado la cara. El que estaba más cansado, sentado a mi lado, tendría unos 30 años. Iba vestido con un vaquero y una camiseta, con normalidad. Olía a sudor. Un sudor característico especialmente en los hombres. Los que estábamos alrededor lo hemos notado y nos hemos mirado sabiendo lo que pensábamos (supuestamente). Era un olor fuerte, de los que se te meten por la nariz y ya no salen hasta pasado un buen rato. Pasados unos minutos, él ha contado a sus amigos que llevaba trabajando desde las seis de la mañana y volvía a casa en ese momento (eran ya pasadas las siete de la tarde). Y trabajo de lunes a sábado, ha añadido. “Y sin asegurar, vamos, que cobro en negro”, ha dicho. “Seiscientos putos euros. Estoy hasta la polla, pero qué voy a hacer”, ha concluido. Más de doce horas trabajando en negro, casi toda la semana, sin descanso, sin apenas vida. La recompensa son 600 euros mensuales que no puede dejar de ganarlos bajo ningún concepto. Qué vida más perra. El olor no era por falta de higiene ni por estos calores. Era porque el chico llevaba trabajando sin descanso. Los demás estábamos pensando que era un guarro. Qué gilipollas somos a veces. Algunos, lo somos siempre.

Es la historia de un joven. Un joven al que no volveré a ver, al que la vida no nos volverá a cruzar con toda probabilidad. Él, y todos quienes viven (o sobreviven) como él, debieran ser protagonistas de portadas de periódicos y no los personajes que cada día aparecen contando sus mentiras. Pero este joven vive en España y, aquí, vende lo que vende. No sé cuál será el futuro de este chaval que contaba, ya harto, su historia. Sí sé cuál es su presente y es digno de contar. Quizás sea víctima de un mundo mal hecho y difícil de cambiar si dejamos a un lado la utopía. Su futuro, como el de muchos, no depende de él totalmente, seguramente dependa de los demás. “Cada uno es artífice de una porción de su propio futuro, pero sólo de una porción, que es la mínima. El futuro mayor y también el menos controlable, es el colectivo, digamos el mundo venidero que se forma al margen de uno”, decía Benedetti. El joven del tren no tiene todo en su mano para cambiar su vida. Los demás, tampoco. Dependemos de ese futuro que no podemos controlar porque lo dirigen los de siempre.

Seguramente estemos en un mundo mal construido donde viven sinvergüenzas como el empresario que paga a este chaval 600 euros al mes por trabajar doce horas diarias a destajo de lunes a sábado. Y otra vez la misma historia, algunos dirán que es mejor cobrar los 600 que CERO euros. Manda huevos. Resulta que es mejor tener una mierda de trabajo y vivir explotado que no trabajar. Y así vivimos, acostumbrados a decir “esto es lo que hay” y a que nada cambie. Mi compañero de viaje intentará descansar esta noche y mañana volverá a levantarse temprano. Quizás le cueste relajarse. Su empresario, el que le paga y se mofa de él, dormirá a pierna suelta sin que se le revuelva la conciencia ni se sonroje por vergüenza. Para tener la conciencia intranquila hay que tener conciencia y para sonrojarse hay que tener vergüenza. El explotador de este relato, creo, no tiene ni una ni otra. El joven olía a sudor por salir de currar con cargas, máquinas y vete a saber qué, pero, en esta historia, el cerdo es otro.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

No son hombres

Cuatro mujeres han muerto en las últimas horas porque cuatro hombres se han creído superiores a ellas. Es el machismo rancio y repugnante que sigue imperando. Esta vez son cuatro mujeres en pocos días. Antes ha habido muchas otras víctimas. Cada una de ellas tenía sus vidas. Seguro que charlaban con amigos y familia. Se levantaban cada día para ir a su trabajo. Algunas estarían todavía estudiando y unas mentes anómalas no les dejaron avanzar. Todas ellas desayunaban, comían y cenaban cada día. Eran personas como cualquier otra mujer, como cualquier otro hombre. Muchas tendrían hijos que se han quedado sin madres para siempre. Hijos que en ocasiones han visto cómo su padre apuñalaba o golpeba a la mujer que les dio la vida. Son mujeres que quizás un día se atrevieron a contestar a ese hombre. Quizás un día se pusieron en su sitio y dijeron que ellas eran libres para pensar y para organizarse. Seguramente un día dieron a entender a sus parejas que ellas no eran menos que nadie.

Cuesta entender qué tienen metido en la cabeza esos hombres que asesinan. Quizás no amaban a las mujeres. Igual las han amado confundiendo amor con posesión. Ninguna persona es dueño de otra y hay quienes todavía creen que sí. Ninguna causa puede justificar la barbarie de la violencia machista. Ninguna. Los hombres que matan a las mujeres con las que un día se relacionaron no son personas. Los llamamos hombres en el sentido de que son varones porque tienen testículos y pene. Pero no son hombres ni personas porque parecen no tener cabeza para reflexionar. El cerebro nos distingue de otros animales por pensar y trabajar la inteligencia. Si no tienes cabeza, eres otro animal distinto al ser humano. Y si son hombres los que matan a las mujeres que supuestamente amaban, entonces que a mí no me llamen hombre. Los individuos que estrangulan a sus parejas no pueden ser lo mismo que los demás hombres que sí tienen cerebro en el sentido psicológico. Un hombre no es más que una mujer ni una mujer es más que un hombre. Todavía no ha llegado el día de la verdadera igualdad, el día en el que nos demos cuenta que todos somos personas. Ni más ni menos. Personas.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Más “Sampedros” y menos gilipollas

Es un genio. Es sabio y es un ser entrañable. Es inteligente y lúcido. Es el abuelo que todos quisiéramos tener. Es el abuelo que algunos hemos adoptado y acaba de cumplir 96 años. José Luis Sampedro debiera ser inmortal. Dice que quiere morirse pero que no lo hace porque “tenemos derecho a la vida y deber de vivirla“. Asegura que ya ha visto todo el espectáculo y que le importa tres pepinos marcharse. No es de extrañar porque vivimos en medio de un auténtico espectá-CULO. La situación ya huele demasiado mal. Apesta. Sampedro ha luchado por cambiar este mundo pero seguramente se marche viendo (“aunque estoy casi tuerto“) más de lo mismo. Nos persiguen los mismos problemas, los mismos supuestos estafadores y mentirosos. Siguen idénticos algunos políticos y periodistas cínicos. El paro no frena y la economía sigue en la cuerda floja. Los ricos son los de siempre y los pobres son cada vez más pobres. Continúa la hipocresía. Sí, señor Sampedro, es normal que ya nada le importe. Mantiene la sonrisa (etrusca o no) superando los 90. Es delgado, tiene el pelo canoso y mantiene la misma cara de bonachón. Desprende ternura. Este señor es necesario. Reconforta el escucharle. Anima a seguir en medio del espectá-CULO porque la vida es para vivirla. Es incansable. Lo vimos hace unos meses junto a Jordi Évole en “Salvados”. Él ha dicho que habrá que darse prisa para volverle a ver. Sabe su edad. Es consciente de lo que se le acerca pero sigue sonriendo. Es un cerebro con mayúsculas. Tiene que ser un lujo tenerle enfrente y darle un abrazo. Yo me conformo con darle un “abrazo virtual” ya que están tanto de moda. Esos abrazos que nos dan cada día aunque no vemos a la gente (un abrazo, ya nos veremos. Y nunca nos vemos).

El mundo no va tan mal cuando hay gente que se interesa por este hombre. La gente se ha quedado con sus frases. Cuenta Sampedro que es “un viejo solo que ya no sirve para nada” y que cada día tiene que ponerse los ojos, los dientes y las orejas. Ojalá se siga poniendo gafas y se coloque el audífono durante mucho tiempo. Querrá decir que sigue vivo. Urge seguir aprendiendo de él. Necesitamos seguir escuchándole porque es un viejo que anima a los jóvenes. Si él no se ha rendido ¡¿Cómo vamos a rendirnos los demás?! El mundo necesita a este señor. Necesitamos a este hombre. Es muy grande. Se hace difícil entender cómo hay personas que se creen superiores cuando no valen nada. Hay individuos subidos a los altares. Algunos suben como la espuma antes de haber recorrido un camino. Hay personas “sabelotodo” y, en realidad, son “sabelonada“. Él es el que vale y piensa que no es absolutamente nada. Resulta que lo es todo. Es José Luis Sampedro, el sabio humilde. Pido a gente como él a nuestro lado. Y le felicito. ¡Más Sampedros y menos gilipollas, por favor!

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , | Deja un comentario

Ovejas con nombre y apellidos

Una llamada, una carta o un SMS automático. Cada empresa utiliza su forma de contacto. Te convocan para una cita a ciegas porque les ha llegado tu currículo. Probablemente ni lo han mirado. Te dicen que les interesa tu perfil pero eso se lo aseguran a todos. Antes te lo creías pero después de tanto buscar trabajo ya te conoces la historia. Cuantas más personas (o números para ellos) acudan a la “reunión” será mejor. Ni siquiera te explican bien si se trata de una entrevista personal o colectiva. No te dicen en concreto a qué vas pero sí te advierten de que lleves ese CV que ya tienen. Llegas a la cita el día y a la hora que te habían dicho. Llegas con ganas porque estás deseando trabajar y ser el elegido. En ese momento te conviertes en una oveja. Una oveja más entre el rebaño. No estás tú solo. Te acompañan decenas de personas en tu misma situación. Tú vas a una hora con un grupo de unas cuarenta personas. Antes ha habido otro grupo idéntico y después hay otro. Y hay más. Hay más de cien personas en total. Sólo hay un puesto. En teoría sólo hay uno aunque quizás ya esté cubierto. Eres un mero número y el de al lado es otro. Es una situación real. Muchos la estamos viviendo. Somos ovejas a las que nos han sellado en la piel el maldito número.

Entras en la sala habilitada junto con los que son tus “rivales”. Cada uno tiene detrás una historia. Uno necesita trabajar más que otro. Uno necesita más el dinero. Otro tiene un hijo al que darle de comer cada día. El que se sienta contigo debe pagar cada mes una hipoteca. Otros sólo piden una experiencia más. Para otros es vital un puesto que ni siquiera sabemos si existe. Cada uno dejamos nuestro currículo encima de una mesa. Y las hojas de papel se amontonan entre carpetas. Esperamos que, al menos, reciclen después. Todos estamos sentados. Atentos al pastor. O a los pastores que nos han dirigido para colocarnos. Las condiciones del puesto te las dirán luego si es que tú las preguntas. Unos tienen miedo a preguntar. Miedo a preguntar lo que debes saber, los datos que tienes que conocer. Los ruegos y cuestiones llegan después. Primero hay que “vender” la empresa.

Delante tuyo están los responsables de los departamentos de RRHH o similares. Te ponen un vídeo corporativo. Es un auténtico anuncio de publicidad. Es lo mismo que puedes ver en la televisión pero no dura segundos sino varios minutos. Te enteras de cómo nació la empresa, de dónde viene, quién la creó, cuántos trabajadores hay en sus instalaciones, cuántas sedes y demás datos. Te dicen que existe un seguro médico para trabajadores y te hablan del convenio que tienen con la compañía sanitaria. Nombran hasta con qué banco suelen estar domiciliadas las nóminas de los empleados. Y explican cuál es el objetivo de la empresa y qué pretenden. Te cuentan sus expectativas a corto y medio plazo y las posibilidades de expansión nacional o internacional. Y así durante aproximadamente media hora. Te dicen que emprendas con ellos, bueno, que “les sueltes dinero”. No se puede preguntar mucho porque ya se ha pasado la hora. En la puerta está esperando otro grupo y luego entrará otro. Las más de cien personas que entramos sin conocer a una empresa ya podemos hablar de ella. Ya conocemos una empresa. ¿Por qué todas estas explicaciones antes de ser seleccionado? Sólo hay un puesto y todavía no es seguro que se vaya a cubrir. La empresa ha hecho gratuitamente una verdadera campaña publicitaria, una gran estrategia de marketing. Y tú te vuelves a casa. Ya estás sólo. Ya no estás con el rebaño. En tu subconsciente ya tienes el funcionamiento de la empresa. Y te sientes tonto. Los listos ya han hecho caja.

[Sólo pides que ya nadie más te tome por tonto. Tu petición no se cumple al encender la televisión y ver el cinismo del político. Ese político que no conoce la realidad. Ése que está acompañado por el tertuliano palmero de turno. No saben qué te pasa, no saben que en el mundo real eres una oveja. Y se te ríen en la cara. Te enfadas. No te puedes controlar. Es rabia e impotencia. Es dolor. Son demasiadas sensaciones. Pero en la vida hay ovejas que protestan, gritan y no se callan. Ovejas que no se rinden y que sobreviven].

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario